México, Distrito Federal
Martes 09 de diciembre de 2008
* Discurso del presidente legítimo de México, Andrés Manuel López Obrador, en el acto de protesta frente a las oficinas de la empresa Televisa, en avenida Chapultepec
Amigas y amigos:
Ustedes representan el decoro de muchos otros mexicanos dispuestos a luchar por causas justas. Ustedes forman parte de millones de mujeres y hombres libres que ya no se dejan manipular por los medios de comunicación.
Nos volvemos a reunir aquí, frente a Televisa, porque estamos decididos a transformar la vida pública de México, y sabemos que sin pluralidad en los medios de comunicación y sin libertad de expresión, será difícil lograr una auténtica democracia y una sociedad mejor.
Los medios de comunicación, con honrosas excepciones, no cumplen su función social ni ayudan a construir la democracia. En sentido estricto se han convertido en simples instrumentos de dominación al servicio de los potentados de México.
Como ya hemos explicado en otras ocasiones, treinta barones del dinero y de la política son los que realmente mandan y deciden en nuestro país.
El grupo de los treinta posee las franquicias del PRI y del PAN, mantiene a uno de sus empleados en la Presidencia de la República y es dueño de los medios de comunicación más influyentes del país.
De esta forma, este puñado de personas, se ha venido imponiendo por encima de los intereses del pueblo y de la nación. Han degradado la vida pública y son los principales responsables de la debacle económica, del empobrecimiento del pueblo y de la violencia que se padece en todo el país.
Y a pesar de todo el daño que han causado, no están dispuestos a rectificar, a modificar su actitud. Por el contrario, quieren seguir imponiendo su modelo autoritario y su política de pillaje, aunque acaben de hundir a México y de ahogar al pueblo en la pobreza.
En Estados Unidos, ante la decisión del pueblo de apoyar el cambio que ofreció Barak Obama, el grupo de derecha, responsable del desastre político y del derrumbe financiero en ese país, tuvo cuando menos el valor de aceptar públicamente sus errores. Bush, no sin una buena dosis de hipocresía, se atrevió a decir que había sido engañado sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak; y Greenspan, el gurú de los neoliberales, reconoció que se había equivocado. Actualmente, los dos están siendo severamente juzgados por la opinión pública.
Sin embargo, en nuestro país el grupo de los treinta, responsables de la tragedia nacional que padecemos, goza de total impunidad y se siguen creyendo los amos y señores de México.
Esta es la realidad. En nuestro México se ha ido conformado una especie de dictadura encubierta, un poder real que actúa por encima de las instituciones y que ha nulificado la vida democrática nacional. Existe una República aparente, simulada, falsa; hay poderes constitucionales, pero en los hechos, un grupo ha confiscado todos los poderes.
El predominio de este grupo se sustenta, fundamentalmente, en el control que ejercen sobre los medios de comunicación. En eso estriba su fuerza y la soberbia, cuando creen que pueden imponerse eternamente.
Hasta ahora les ha funcionado su estrategia de manipular y de administrar la ignorancia en el país. Todavía en amplios sectores hace efecto el repetir mentiras y, sobre todo, el distorsionar y esconder la información. Sólo así se explica que nuestro pueblo no haya terminado de despertar, a pesar de que está siendo castigado duramente por la pobreza, el desempleo, la carestía, la inseguridad y la violencia.
Una prueba del eficaz dominio de los medios de comunicación, es el hecho de que ya hubo una devaluación del 35 por ciento del peso y parece como si nada hubiese ocurrido. Hemos perdido todos los mexicanos una buena parte de nuestro patrimonio y de ello casi no se habla. El asunto de la devaluación no se discute entre familiares y amigos, ni en las plazas públicas, ni siquiera en los centros de educación superior. Y todo porque deliberadamente este tema no se aborda, como muchos otros, en los medios de comunicación. Tal parece que si un problema no sale en la televisión, es como si no existiera.
En otras palabras, con el engaño y la falta de información, se ha impedido que tengamos una opinión pública fuerte, una voluntad colectiva decidida a exigir el cumplimiento de los derechos sociales y ciudadanos; un verdadero contrapeso para limitar los abusos del poder.
Esto es lo que justifica el que luchemos por la democratización de los medios de comunicación. Y aunque sabemos que la mejor forma de contrarrestar su poderosa influencia, estriba en intensificar nuestro trabajo de organización, orientación y concientización del pueblo, no debemos quedarnos callados y exigir que se cumpla el derecho a la información.
No es un asunto menor venir aquí, a Televisa, a demandar pluralidad y apertura. Con nuestra presencia estamos dejando de manifiesto que en esta fábrica de mentiras hay más poder que en Los Pinos, que en la Suprema Corte o que en el Congreso de la Unión.
Y para que se entienda bien: no estamos aquí sólo para exigir espacios a nuestro movimiento y a mi persona, sino para que se aborden con seriedad, los grandes y graves problemas nacionales y se dé voz a todos los mexicanos.
Queremos que se informe sobre las causas de la pobreza, del desempleo, de la carestía, de la migración, de la inseguridad y de la violencia; que se hable de la corrupción y de la impunidad, y que se invite a participar a especialistas de todas las corrientes de pensamiento para debatir el por qué, a pesar del fracaso, se insiste en sostener el modelo económico neoliberal. Esto es, en esencia, lo que demandamos.
Amigas y amigos:
La carta que dirigimos a los dueños de Televisa, entre los que se encuentran, Emilio Azcárraga Jean, María Asunción Aramburuzabala, Pedro Aspe Armella, Ana Patricia Botín, Jorge Cutillas, Claudio X. González, Roberto Hernández, Germán Larrea, Fernando Senderos, Carlos Fernández González y Lorenzo Zambrano, fue respondida el día de hoy por la tarde, en los términos que ya conocimos.
Sólo volvemos a recordar a los dueños de Televisa, como ya lo expresé anteriormente, que los espacios que demandamos no son únicamente para nuestro movimiento sino, sobre todo, para tratar de cara a la nación y con la participación de todos los actores sociales, los grandes y graves problemas nacionales.
Por ejemplo, sería de mucha utilidad que economistas de nuestro movimiento debatieran en televisión con el secretario de Hacienda del gobierno usurpador, sobre la crisis económica y, en particular, sobre temas como el desempleo, la devaluación, el uso y destino de las reservas internacionales de México, las alzas de las gasolinas, el diesel, el gas, la luz y los artículos de primera necesidad. Así como la pérdida del poder adquisitivo del salario y de los fondos de ahorro de los trabajadores, entre otros asuntos.
Les propongo que esperemos a que hablen los hechos y evaluemos en nuestra próxima asamblea nacional los resultados.
De todas formas hagamos el compromiso de volver a regresar las veces que sean necesarias, hasta lograr que se atienda nuestra demanda de pluralidad y de apertura informativa.
Amigas y amigos:
Les recuerdo que el día 25 de enero, nos reuniremos en el Zócalo de la Ciudad de México para evaluar la situación del país y desplegar acciones en defensa de la economía popular.
La crisis económica y de bienestar social que actualmente se padece, desgraciadamente, se va a profundizar, y estamos obligados, en la medida de nuestras posibilidades, a defender a los pobres y a las clases medias que están desamparadas porque el gobierno usurpador sólo está pensando en rescatar a los banqueros y a los grandes empresarios.
No olvidemos nuestras demandas: Apoyo a los productores del campo; protección a los fondos de ahorro de los trabajadores; disminución a los precios de las gasolinas, del diesel, el gas y la luz, y de los artículos de primera necesidad; que bajen los sueldos de los altos funcionarios públicos y que aumente el salario mínimo por encima de la inflación; apoyo a los adultos mayores, a madres solteras y a los discapacitados; atención médica y medicamentos gratuitos para quienes no cuentan con seguridad social; becas para todos los estudiantes de preparatoria del país; acceso a todos los jóvenes a las universidades públicas; créditos a comerciantes y a pequeños y medianos empresarios para evitar quiebras y despidos de trabajadores; impulso a la industria de la construcción para reactivar la economía y generar empleos.
Además, tenemos que organizarnos para llevar a la práctica la ayuda mutua. Defender a consumidores ante cobros abusivos en luz, agua, teléfono, tarjetas de crédito, comisiones bancarias, préstamos hipotecarios, y de otros bienes y servicios.
Amigas y amigos:
Una vez más, muchas gracias por su participación en este acto. Sigamos adelante, con firmeza, entusiasmo y optimismo. Está por terminar este año y a pesar de que han querido destruirnos políticamente, no lo han logrado, y en el futuro mucho menos.
Sigamos luchando para salvar a México.
¡Viva el Movimiento en defensa del pueblo, del petróleo y de la economía popular!
¡Viva México!
¡Viva México!
¡Viva México!
Avenida Chapultepec, 9 de diciembre de 2008
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